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Prevención de la obesidad en niños, adolescentes y adultos

Datos sobre la obesidad

La obesidad es una enfermedad a largo plazo (crónica). Afecta a un gran número de niños, adolescentes y adultos. El índice de obesidad en niños de los EE. UU. se ha duplicado desde 1980. En el caso de los adolescentes, el índice se ha triplicado. Cerca de 17 de cada 100 niños de entre 2 y 19 años tienen obesidad. Más de 7 de cada 20 adultos tienen obesidad.

Los proveedores de atención médica observan cada vez más de los siguientes problemas en niños y adolescentes:

  • diabetes tipo 2 a una edad temprana;

  • problemas del corazón y de los vasos sanguíneos;

  • depresión y aislamiento social relacionados con la obesidad.

Cuanto más tiempo una persona tiene obesidad, mayor es el riesgo de padecer problemas. Muchas enfermedades crónicas están relacionadas con la obesidad. Además, la obesidad es difícil de tratar. Por todas estas razones, la prevención es muy importante.

La prevención de la obesidad en niños es fundamental, ya que es muy probable que la obesidad en la niñez perdure en la adultez. Una persona con obesidad tiene riesgo alto de diabetes, presión arterial alta y enfermedades cardíacas.

Bebés

Los bebés lactantes son menos propensos a tener obesidad. Y cuanto más tiempo reciban leche materna, es menos probable que tengan obesidad al crecer. Pero muchos bebés que fueron alimentados con leche de fórmula hoy son adultos con un peso saludable. Si su hijo no recibió leche materna, no significa que no pueda tener un peso saludable. Si tiene preguntas, hable con el proveedor de atención médica del niño.

Niños y adolescentes

Los jóvenes pueden tener obesidad a causa de hábitos alimentarios poco saludables y falta de actividad física. Los genes también pueden afectar el peso del niño.

Haga lo siguiente para prevenir la obesidad en niños y adolescentes:

  • No se enfoque solo en el peso del niño. Busque cambiar los hábitos alimentarios y los niveles de actividad de la familia con el tiempo.

  • Dé el ejemplo. Los padres que comen alimentos saludables y hacen actividad física dan el ejemplo. Es muy probable que el niño haga lo mismo.

  • Promueva la actividad física. Un niño debería hacer 60 minutos de actividad física moderada la mayoría de los días de la semana. Más de 60 minutos de ejercicio pueden ayudar a perder peso y a mantener un peso saludable.

  • Limite el tiempo frente a las pantallas. Reduzca el tiempo que el niño pasa viendo televisión y en la computadora a menos de una a dos horas por día.

  • Promueva que los niños coman solo cuando sientan hambre. Indíqueles que coman despacio.

  • No utilice los alimentos como premio. Tampoco suspenda los alimentos como castigo.

  • En la heladera y la despensa, tenga alimentos y bebidas saludables, como leche descremada o baja en grasa, frutas frescas y verduras. No compre refrescos o tentempiés con alto contenido de azúcar y grasa.

  • Sirva, al menos, cinco porciones de frutas y verduras por día.

  • Anime a su hijo a que tome mucha agua en lugar de bebidas con azúcar agregada, como refrescos, bebidas deportivas y jugos de frutas.

Adultos

Los hábitos alimentarios correctos y la actividad física pueden ayudar a prevenir la obesidad. Las siguientes son algunas recomendaciones para los adultos:

  • Lleve un registro de su alimentación en un diario. Anote lo que come, en dónde come y cómo se siente antes y después de comer.

  • Coma de cinco a nueve porciones de frutas y verduras por día. Una porción de verduras equivale a una taza de verduras crudas o a media taza de verduras cocidas o jugo de verduras. Una porción de frutas equivale a una fruta fresca pequeña o mediana, a media taza de fruta enlatada o fresca o jugo de frutas, o a un cuarto de taza de fruta deshidratada.

  • Elija alimentos integrales. El arroz y el pan integrales son algunos ejemplos. No coma alimentos elaborados con azúcar blanca y harina refinadas, jarabe de maíz de alta fructosa o grasas saturadas.

  • Pese y mida los alimentos para conocer los tamaños saludables de las porciones. Por ejemplo, una porción de tres onzas de carne de res equivale al tamaño de un mazo de cartas. No ordene las porciones más grandes de los menús.

  • Aprenda a leer y a usar las etiquetas de información nutricional de los alimentos. Tenga en cuenta la cantidad de porciones que come.

  • Equilibre su inventario de alimentos. Si come más calorías de las que quema, aumentará de peso. Pésese todas las semanas.

  • No coma alimentos con densidad energética alta, es decir, alimentos con muchas calorías en cantidades pequeñas. Por ejemplo, una hamburguesa de queso con papas fritas puede tener hasta 1,000 calorías y 30 o más gramos de grasa. En cambio, coma un sándwich de pollo a la plancha o una hamburguesa simple y una ensalada pequeña con aderezo bajo en grasas. Puede evitar cientos de calorías y disminuir su consumo de grasas. De postre, coma una porción de fruta o yogur, una porción pequeña de pastel de ángel o un trozo de chocolate amargo.

  • Reduzca el tamaño de las porciones. Usar un plato más pequeño puede ayudar.

  • Intente hacer de 60 a 90 minutos de actividad moderada a intensa entre tres y cuatro veces por semana. Caminar una milla en 15 minutos o desmalezar un jardín son ejemplos de actividad física de intensidad moderada. Correr o jugar al tenis individual son ejemplos de actividades más intensas.

  • Busque maneras de hacer 10 o 15 minutos de algún tipo de actividad durante el día. Dé una vuelta a la manzana o suba y baje las escaleras.

Revisor médico: Bass, Pat F., III, MD, MPH
Revisor médico: Hurd, Robert, MD
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